Arquitectura y entorno
Tradición, historia y naturaleza
Con apenas unas decenas de habitantes y situado a 750 metros de altitud, es el pueblo más alto y menos poblado del valle. Su tranquilidad y paisajes lo convierten en el lugar perfecto para desconectar y reencontrarse con la vida rural.
En Madotz destacan los caseríos tradicionales con tejados de dos y cuatro aguas que se alinean a lo largo de sus calles, y la Iglesia de San Juan Bautista, un templo neoclásico de 1818 que preside la parte alta del pueblo.
Sus alrededores son un paraíso natural: extensos bosques de hayas y fresnos envuelven el concejo, y en lo alto encontramos la ruta de los dólmenes, con el célebre dolmen de Larrazpil, testimonio milenario de quienes habitaron estas tierras.
Piedra de Roldán
La tradición oral también forma parte del encanto de nuestro pueblo. Cuentan que, en su camino hacia el Santuario de San Miguel de Aralar, el caballero Roldán lanzó una enorme piedra desde la cima con idea de destruir Madotz. Su brazo se enredó en la ropa y la piedra cayó antes de lo previsto, en el vecino Valle de Ata.
Esa roca, conocida como Erroldan Harri o Piedra de Roldán, conserva en una de sus caras varias marcas que, según la leyenda, son los dedos del héroe.